miércoles, febrero 22, 2006

Ejemplo de vida: Carlitos Barberio

Carlos Barberio es uno de los vecinos más
solidarios de Villa Pueyrredón


El rey que no necesita corona


Sufrió un accidente gravísimo cuando tenía
apenas cuatro años y una mala praxis médica transformó las heridas en lesiones
de por vida. A los 76 Carlos Barberio está cuadripléjico, pero lejos de vivir el
tema como una tragedia lo toma como una prueba de Dios. Desde su silla de ruedas
se preocupa por el prójimo antes que por él mismo.










Por Javier Perpignan

jperpignan@periodicoelbarrio.com.ar

Chola recuerda
que su hermano, Carlos Alberto Barberio, era muy travieso de niño. Pero
esos recuerdos de la infancia chocan con la realidad. Hoy es un hombre de 76
años en sillas de ruedas y cuadripléjico, aunque con una fe inquebrantable para
-desde su mundo- intentar cambiar al mundo. Nacido en Villa Pueyrredón en 1929,
Carlitos sufrió un terrible accidente en la esquina de Artigas y Cochrane cuando
sólo tenía cuatro años. Allí fue atropellado por un colectivo de la línea 4, hoy
127, que le provocó múltiples heridas. Si bien al principio pareció un susto,
con el correr del tiempo fueron apareciendo síntomas que marcarían su vida. El
fuerte golpe en la cabeza le provocó que sus manos quedaran casi inutilizadas y
la mala praxis que le brindaron en el Hospital de Niño hizo el resto.


Diagnósticos erróneos, una masajista que le
fracturó la pierna derecha y una artrosis galopante lo dejaron cada vez más
postrado. Pero cuando todo parecía el fin, para Carlitos fue sólo el comienzo.
Aferrado a la religión católica, supo salir adelante y encontrarle sentido a la
vida. Vivirla para ser feliz, ayudar al prójimo y, dentro de sus posibilidades,
estar pendiente de las necesidades del vecino. “Yo nací normal -cuenta Carlos-.
Pero a los cuatro años me atropelló un ómnibus en la esquina de la Plaza Alem,
me llevaron al Hospital de Niños y me atendieron varios médicos. Uno decía una
cosa y los demás otra. Ninguno daba en la tecla acerca de lo que yo tenía”.
Efectivamente, algunos médicos sostenían que su problema era reuma, mientras le
enyesaban la pierna derecha y la cadera. “Después una masajista me rompió la
pierna derecha en varias partes. Me daban salicilato y varios remedios, pero los
tendones de las manos y de los brazos se me iban deformando”, cuenta Barberio
con mucha hidalguía.


Apoyo familiar


Carlitos es el único varón de siete
hermanos. Luego del accidente sus padres Lucas, un italiano de Taranto, y
Pilar, una española de Madrid, lo cuidaron con devoción en la casa de la
calle Terrada al 5100, en donde todavía vive. Con los años sus hermanas lo
atendieron de la misma manera y siempre se preocuparon de que no le faltara
nada. Debido a lo reducido de sus movimientos, nunca pudo asistir a la escuela y
tuvo un maestro particular: “Tengo una linda familia y dos chicas buenísimas que
me cuidan y me atienden bárbaro. Ellas son Elisa y Esther. También
está mi hermana Chola, que no sabe qué hacer para cuidarme lo mejor posible. A
veces la hago renegar un poco, pero la adoro y la quiero mucho”, explica
Carlitos, quien a pesar de la tragedia y las secuelas que le dejó es un hombre
optimista, alegre y muy religioso.


“Soy católico y no pido para mí sino para
los demás, para la gente linda que me rodea. Además rezando y yendo a las
iglesias me siento reconfortado, porque Dios me da la fuerza para seguir
adelante y no aflojar. Lo que me pasó lo siento como una prueba que El me puso,
que yo acepté con resignación. Porque si El quiso que yo fuera un discapacitado
sabrá El por qué. Igualmente yo veo a personas que están peores que yo, por lo
menos puedo escribir a máquina, comer solo y hablar con la gente”, razona.


La lucha de Carlitos


Desde hace más de quince años a Barberio lo
desvela el peligroso cruce de las calles Terrada y Cabezón, por lo que está
reclamando un simple semáforo. “Los colectivos de la línea 168 vienen a toda
velocidad y a pocas cuadras está la escuela Ejército Argentino. Es una esquina
muy peligrosa y no me gustaría que a otra persona le pase lo que a mí. Por eso
desde 1990 vengo gestionando un semáforo, que hasta ahora no se concreta”, dice
resignado. La respuesta a lo largo de los años es la misma: la Dirección General
de Vialidad tiene incorporado el pedido “al listado preliminar con vistas a
futuros planes de señalamiento luminoso”.


En el año 2000 Carlitos reiteró el pedido a
la Jefatura de Gobierno, que le respondió que la solicitud fue “remitida a la
Secretaría de Obras Públicas”. Al año siguiente le escribió una carta al
Presidente de la República y obtuvo como respuesta que el pedido fue girado al
Gobierno de la Ciudad, que a su vez le avisó que el reclamo “está en la
Secretaría de Obras Públicas”, que por último le informó que el pedido “se ha
incorporado al listado preliminar con vistas a futuros planes de señalamiento
luminoso”. Lo concreto es que, después de muchos pedidos, instalaron un reductor
de velocidad. “Por lo menos instalaron un lomo de burro, que por supuesto duró
poco tiempo -se queja-. Con ese reductor de velocidad los colectivos aminoraban
la marcha, pero ahora lo sacaron para pavimentar la calle y no lo volvieron a
poner”.

Un millón de amigos

Carlitos siempre está preocupado por su
familia y amigos, pendiente de sus necesidades y, como ocurre con su lucha por
el semáforo, predispuesto ante cualquier necesidad a aportar su granito de
arena. Los vecinos son lo más importante de su vida: “Converso con ellos, me
ayudan a recolectar las firmas cuando se necesita algo, son muy buenos y me
ayudan mucho”. Gracias a su preocupación por el prójimo se ganó el respeto y el
cariño de todos, quienes lo llaman cariñosamente el Rey. Además lo postularon y
en junio de 2004 le dieron el premio al “vecino más solidario”, otorgado por el
hipermercado Wal-Mart. Los motivos son simples: “Desde su casa gestiona ante las
autoridades diversos beneficios para el barrio: instalación de semáforos,
alumbrado público, arreglos de baches, construcción de bajadas de veredas. Y,
teniendo en cuenta a los más chiquitos, lomos de burro para las adyacencias de
las escuelas”.

En sus ratos libres, Barberio se toma un
tiempo para leer su periódico favorito: El Barrio: “Recibimos el
periódico todos los meses. Junto mi hermana lo devoramos de punta a punta, nos
gusta más que Clarín”.

Una ayuda para Carlitos

Después de todo lo que él hace por la gente,
es hora de que la gente le devuelva algo a él. Carlitos está necesitando una
silla de ruedas nueva porque la que tiene ya está vieja y rota. Si a alguien le
sobra una o puede conseguirla, por Terrada y Cabezón van a estar muy
agradecidos. Quienes quieran colaborar pueden llamar al teléfono 4571-4047.

CARLITOS HA LLEGADO A TENER SU SILLA DE RUEDAS. UN SENSIBLE Y GENEROSO VECINO SE LO REGALÓ.

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