jueves, octubre 27, 2005

La montaña mágica de Catalunya


LUGARES
MAGICOS Y MISTERIOSOS

(Encuéntralos
en algunas de estas ciudades )


MONTSERRAT




“Montserrat,
templo del Grial.


El
ciprés en la plaza.


La
vida se eleva vigorosa hacia el cielo”



"Montserrat
templo de Agartha para la eternidad"







1-
Una visita a Montserrat



En
el corazón de la provincia de Barcelona, en la Cordillera Prelitoral, y en medio
de un paisaje de montañas de perfiles suaves y gastados, se alza imponente y vigoroso
el macizo de Montserrat, auténtica catedral de piedra de la naturaleza.



Esta
montaña por siempre sagrada está situada sobre la ribera derecha del río Llobregat.
El Llobregat es el río barcelonés por excelencia. Nace en prepirenaica Sierra
del Cadí, a más de 2000 metros de altitud y desemboca junto a la ciudad de Barcelona
formando un amplio delta.



A
la altura de Montserrat, el cauce del Llobregat se halla a una altitud de poco
más de 100 metros sobre el nivel del mar.

El
pico más alto de Montserrat es San Jeronimo (Sant Jeroni), con 1224 metros.



En
Montserrat destacan por su audacia las formaciones de la vertiente norte y oeste.
Al extremo oeste, hallamos las “Agullas”, donde se acumulan incontables
agujas de roca vertical en graciosa formación.



Si
desde ahí avanzamos hacia el monasterio por el norte, encontramos La Cadireta
en la región de los Frares.


La Cadireta está situada en el extremo norte de la Montaña y la curva de la carretera
que la bordea, tiene una explanada que es un lugar ideal para la observación del
cielo nocturno y del Septentrión. La Cadireta tiene una forma muy curiosa y enigmática.


De hecho, es una pequeña prolongación de 200 metros de la Montaña hacia el norte.


Un agujero triangular por el que pasan los últimos rayos del día, la atraviesa
en la parte media.


Y en la punta norte vemos la cabeza de un dragón legendario, mirando al norte,
tal vez a la estrella polar.

Más
abajo, siguiendo por la Cadena de Les Pujades, hay una roca como altar de sacrificios.



Toda
la vertiente norte de Montserrat está formada por altísimas paredes de piedra
que se elevan sobre las tierras bajas.


Destacaremos para finalizar este recorrido desde el oeste, el Cavall Bernat, que
se eleva


1100 metros sobre el nivel del mar y que se halla a la altura del pueblo de Monistrol,
950 metros más abajo.

El
Cavall Bernat es una altísima aguja de piedra, la más vertical, audaz y estilizada
de toda Montserrat.

La
palabra Cavall (caballo), no es más que un recurso puritano para esconder el verdadero
sentido de la verticalidad de toda esta catedral de piedra que es Montserrat.



Un
poco más allá, encontramos el monasterio benedictino de Montserrat está situado
a 721 metros sobre el nivel del mar.

En
la actualidad este monasterio es un centro turístico de primer orden.



Para
acceder al recinto del monasterio en coche hay que pasar por un peaje que cuesta
4 euros.



La
otra opción es dejar el coche fuera, antes del peaje, y desde ahí llegar a pie
hasta el monasterio.


La distancia aproximada es de un kilómetro y medio, dependiendo de dónde consigamos
dejar el coche.


Entre semana no hay problema, pero en fin de semana o día festivo, la cosa puede
complicarse un poco.



Nosotros
dejamos el coche aparcado fuera del peaje, en la primera curva que hay en dirección
hacia Can Masana.

En
esa misma curva de la carretera, subiendo hacia la montaña, tomamos un caminito
que nos lleva al pintoresco

camino
de “Els Degotalls”, nombre que si bien pudiera parecer referirse a unos
“degollados”, la traducción correcta es “Las Goteras”.


Este camino está repleto de mosaicos de diferentes vírgenes regionales de toda
Cataluña.

Tras
veinte minutos de distraído paseo llegamos al recinto del monasterio.



Un
restaurante moderno de hormigón, construcción rápida y dudoso gusto estético


se asoma sobre el Barranco de Santa María, donde vemos el cable por el que asciende
el “Aéreo”,

un
teleférico fabricado hace muchos años en Alemania. A un desnivel de seiscientos
metros,

más
abajo, vemos el cauce del río Llobregat, con sus aguas de color marrón claro.

En
la distancia, a 30 kilómetros en línea recta hacia el sudeste, distinguimos la
montaña del Tibidabo,

con
el edificio de la basílica en su cumbre, mirando hacia el otro lado. A la derecha
de esta,

la
moderna torre de comunicaciones de Collserola.

Detrás
del Tibidabo se nos esconde de la vista la bulliciosa ciudad de Barcelona y detrás
podemos ver el mar.



Ahora
nos acercamos al monasterio. El monasterio benedictino de Monserrat fue fundado
en 1027 por el abad Oliva

y
está situado en la ladera meridional-este de la montaña. De la primitiva iglesia
de estilo románico se conserva sólo el portal.


En 1537 fue ampliada y restaurada dentro del estilo gótico. La actual iglesia
data de la segunda mitad del siglo XVI y consta de una sola nave con doce capillas
laterales.



Las
dependencias más antiguas del monasterio son del siglo XVIII ya que en 1811 el
monasterio


fue destruido por los franceses. Napoleón lo destruyó buscando el Grial que no
consiguiera encontrar.



La
imagen de Nuestra Señora se halla en el interior de la basílica y presidiéndola
dentro

de
un camarín de estilo neorrománico construido en 1878 por Francisco de P. del Villar

y
decorado con vidrieras policromas y mármoles. Tallada en madera de álamo blanco,
la imagen de Nuestra Señora data del siglo IX.



De
visita por todo el recinto de la basílica y el monasterio nos encontramos con
turistas de toda

Europa,
principalmente franceses, alemanes, italianos, así como de países eslavos y sudamericanos.



Al
fondo de la explanada donde se halla el monasterio hay una placita con dos ejemplares
de tejo,

árbol
sagrado de los druidas. En situaciones terminales o extremas, los celtas solían
suicidarse


utilizando preparados de este árbol ya que todo él es venenoso, excepto su fruto.

En
toda la montaña de Montserrat nos encontraremos con diversos ejemplares de tejo,


algunos de los cuales, los situados en lugares más inaccesibles, son de edad y
tamaño considerable.

Debido
a la calidad de su madera, la mano del hombre ha hecho desaparecer este árbol
de las montañas de la región,

pero
en Montserrat ha sobrevivido gracias a la dificultad de acceso y de desplazamiento
por el terreno.

En
esta mágica montaña lo encontraremos
casi siempre en los espacios que quedan entre las formaciones verticales de piedra,


guardando los angostos pasos hacia las zonas más elevadas.



Desde
el Monasterio, a 721 metros sobre el nivel del mar, emprendemos la subida hacia
la cumbre de San Jerónimo (Sant Jeroni),


situada a 1224 metros. Es decir, el desnivel a superar es de 503 metros. Para
ello tardaremos una hora y quince minutos a paso tranquilo.



Tras
superar 1024 escalones llegamos a el Pla dels Ocells, o Llano de los Pájaros,
a 930 metros de altitud.

Siguiendo
ahora junto al lecho del torrente de Santa María, caminando por varias umbrías
de bosques de encina alternados con

algunos
arces y salpicados de acebos y otros arbustos, llegamos a la ermita de San Jerónimo,
a 1150 metros de altitud, en el Tábor de la montaña.


Ahí vive una colonia de gatitos blancos con motas marrón claro. En las fechas
de verano de 2005, la madre amamantaba dos crías.

Cuando
nos vio, la mamá gato vino amistosa a recibirnos mientras sus dos crías se rezagaban,
desconfiadas.



Desde
la ermita de San Jerónimo venceremos un último desnivel de 74 metros para llegar
hasta la cumbre homónima a 1224 metros,

la
mayor altitud de Montserrat. Para ello caminamos durante 8 o 10 minutos (según
grado de salud y fuerzas de cada uno),

un
tramo de empinadas cuestas y escaleras.



Ya
en la cumbre de San Jerónimo (Sant Jeroni), dominando toda la montaña de Montserrat,
tenemos unas vistas privilegiadas.


En el centro de la pequeña explanada circular de 5 metros de diámetro de la cumbre,
tenemos una “rosa de los vientos” de acero indicando y señalando las
montañas que pueden divisarse. Si nos apoyamos a la barandilla que hay junto el
barranco norte, vemos 700 metros de caída libre.


En invierno, la nieve cubre de blanco el Pirineo y por las mañanas la niebla asciende
sinuosa desperezándose y abandonando los valles.

Un
día muy claro, poquísimos días, puede llegar a verse la isla de Mallorca, en dirección
al sur coronada por su Puigmajor.


Al norte tenemos los Pirineos, destacando el Aneto y todo el Pirineo Central,
hacia el noroeste.

En
primer término hacia el septentrión, en los valles, vemos las minas de sal de
Cardona, y detrás están las los Rasos de Peguera,


primer dos mil del Pirineo sur. Más al norte, el Puigmal y hacia el nordeste el
Canigó, ya en el Rosellón francés.

Hacia
el nordeste de la misma Cordillera Prelitoral en la que se halla Montserrat, a
unos 20 kilómetros en línea recta,


tenemos en primer término Sant Llorenç de Munt, montaña que tiene notables similitudes
con Montserrat,


y detrás destaca el Montseny, compuesto este del Matagalls (a la izquierda) y
el Turó del Home (a la derecha).

En
el mismo Montserrat, hacia Can Masana (dirección oeste), vemos las graciosas y
esbeltas agujas de los Frailes (Frares) y Agulles.

Al
sur y al oeste de Montserrat hay montes pedregosos de tierras pobres en las que
crecen bosques de pino (repoblaciones),

encina
autóctona y algunos robles de hoja pequeña (roure martinenc), y más allá, hacia
el sur, la región vinícola de Penedés.



Bajando
el San Jerónimo, de vuelta al monasterio, volvemos a pasar por una plataforma
de aterrizaje de helicópteros,

donde
nos encontramos con sorpresa con un ejemplar de cabra hispánica. Cierto, hace
unos años han sido introducidos


en la zona algunos ejemplares de este animal... y parece ser que algunos se han
adaptado. Pareciera que esperara de nosotros algo de comida, pero no llevábamos
nada encima que darle.



Ya
en el monasterio, fijo mi atención en una formación natural, una roca que se alza,
como guardián, al otro lado

del
torrente de Santa María, hacia el sur. Es una figura de roca, con forma desafiante
que me llama la atención.

Me
recuerda un ser alado poderoso como las antiguas estatuas de persas o hititas.
Así es, un guardián que vigila el corazón de la montaña, no sea que pudiera tratar
de acceder alguno que fuera indigno.



La
tarde oscurece y las nubes iluminadas por los últimos rayos del sol destacan sobre
el cielo. Al sur,

hacia
el valle del Llobregat y hacia la ciudad de Barcelona, las luces eléctricas de
las farolas

ya
se han encendido, iluminando artificialmente el mundo de los hombres,

como
si siempre anduvieran tratando de impedir que la oscura luz del misterio brille
en su mundo.



MONTSERRAT,
TIERRA DEL ESPIRITU

1 comentario:

  1. Anónimo8:36 p. m.

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